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Asia se prepara para la batalla contra el gusano cogollero en los cultivos (21.03.2019)

El gusano cogollero arrasó Asia, alarmando a los pequeños agricultores y amenazando sus medios de vida. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura informó de que, aunque la plaga puede devastar los campos de maíz, los daños pueden limitarse con las medidas de control adecuadas.

Un insecto capaz de infestar y dañar cientos de hectáreas de campos de maíz, literalmente de la noche a la mañana, se está propagando rápidamente por Asia, alarmando a los pequeños agricultores y amenazando los medios de subsistencia, pero el daño se puede limitar, informó la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Fall Armyworm es originario de las Américas. Sin embargo, desde 2016 se ha desplazado agresivamente cada vez más hacia el este, arrasando África y tocando tierra por primera vez en Asia el verano pasado. Fall Armyworm (FAW) se detectó por primera vez en la India en julio de 2018 y, para enero de este año, se había extendido a Sri Lanka, Bangladés, Myanmar, Tailandia y la provincia de Yunnan en China.

Fall Armyworm avanza en Asia y ha llegado para quedarse

En el caso de Sri Lanka, hubo informes de que hasta 40 000 hectáreas habían sido infestadas, dañando alrededor del 20 por ciento de sus cultivos. China es el mayor productor de maíz de Asia y el segundo mayor a nivel mundial. Si bien las pérdidas económicas allí y en los demás países asiáticos aún no se han cuantificado, las estimaciones de los daños económicos provocados por FAW en África oscilaron entre 1 y 3 mil millones de US$.

En respuesta a la repentina aparición de FAW en Asia, la FAO está convocando una reunión de funcionarios de los países afectados, así como de expertos que han estado abordando las consecuencias de FAW en África y América Latina, y que han estado aprendiendo métodos para limitar los daños.

“Estamos aquí hoy, juntos, porque compartimos una creciente sensación de alarma, pero también para aprender unos de otros, en particular de aquellos países que ya han estado respondiendo a sus propias infestaciones”, afirmó Kundhavi Kadiresan, Subdirectora General y Representante Regional de la FAO para Asia y el Pacífico. “Necesitamos trabajar juntos porque esta es una plaga que no respeta fronteras internacionales, amenaza nuestra seguridad alimentaria, nuestras economías, el comercio nacional e internacional y, por supuesto, al pequeño agricultor que se despierta una mañana con un cultivo comercial bajo ataque”.

La llegada de Fall Armyworm a Asia “no es una sorpresa”

Cuando Fall Armyworm llegó a África en 2016, la FAO y sus países miembros en Asia siguieron de cerca la evolución y planificaron su llegada a este continente.

“Cuando Fall Armyworm tocó tierra en la India el verano pasado, su llegada no fue una sorpresa total, no nos tomó desprevenidos. Y ese es un buen comienzo; de hecho, fue una buena ventaja inicial”, señaló Kadiresan.

La Comisión de Protección Fitosanitaria para Asia y el Pacífico comenzó a crear conciencia sobre la amenaza a principios del año pasado, compartiendo información clave sobre la plaga, su propagación hacia Asia y cómo gestionarla de manera sostenible en caso de infestación.

Mejores prácticas para frenar la propagación y limitar los daños

Una vez confirmada una infestación, los gobiernos están iniciando esfuerzos para continuar sensibilizando y monitoreando la presencia y propagación de FAW en el maíz y otros cultivos.

La FAO ha estado colaborando con las autoridades pertinentes para poner en marcha programas de concientización que informen y capaciten a los agricultores en técnicas de manejo integrado de plagas. Estas incluyen identificar a los enemigos naturales de Fall Armyworm, potenciar los controles biológicos naturales y los controles mecánicos, como aplastar las masas de huevos y emplear el uso de bioplaguicidas.

El uso de plaguicidas químicos debe considerarse con sumo cuidado, dado que las larvas de FAW se esconden en gran medida en el cogollo (whorl), y que los plaguicidas químicos pueden tener efectos negativos en el medio ambiente y la salud pública. Esto se tiene en cuenta tanto a nivel normativo como de campo. Con la implementación de estas medidas, los efectos negativos de las infestaciones pueden gestionarse de forma sostenible y pueden contribuir a mantener las poblaciones en niveles lo suficientemente bajos como para limitar los daños económicos y a los medios de subsistencia.

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